Un fotograma de Chopin, una Sonata en París
Un ritmo de trance moderno no es algo que uno esperaría escuchar en la partitura de fondo de una película de época sobre un músico legendario del siglo XIX. Esta elección musical, incongruente con la ambientación, nos introduce en la película del cineasta polaco Michal Kwiecinski. Chopin, una sonata en Parísque narra los últimos años de la vida de Frederic Chopin, que vivió sólo hasta los 39 años.
La película, proyectada en la categoría World Cinema en el 30º Competition Internacional de Cine de Kerala (IFFK), abrió la primera jornada con un musical, junto con la película de Ingride Santos Ruidosobre las luchas de un joven y prometedor rapero africano por triunfar. La película de Kwiecinski se preocupa tanto por el viaje musical de Chopin como por su encuentro con la debilitante tuberculosis.
La ciudadanía como regalo
En sus mejores fases, lo vemos pasar de ser un intérprete reacio a brindar en veladas, animando los salones de París con su música y sus ingeniosas personificaciones, en compañía de Franz Liszt, otro compositor widespread de ese período. Sus sonatas deleitan incluso al rey Luis Felipe I, quien otorga al compositor polaco la ciudadanía honoraria de Francia. Pero, lejos de los escenarios luminosos y las fiestas salvajes, es enseñando piano a sus alumnos donde encuentra la paz. Eso es hasta que la tuberculosis se apodera de cada uno de sus seres.
En un momento dado, la escritora francesa Aurore Dupin (que escribe bajo el seudónimo de George Sand), con quien Chopin mantiene una relación tormentosa, le cube a Chopin: “Te estás hundiendo demasiado en la autocompasión”. Lo mismo puede decirse de la película, que tiene secuencias repetitivas de su lucha contra la tuberculosis. Si la película supera lo ordinario de estas escenas, el mérito es de Eryk Kulm, quien interioriza todas las fascinantes complejidades de Chopin, lo que ha llevado a que se hayan hecho varias películas sobre él en el pasado.
La política más amplia
Los demás personajes, excepto el de Dupin y su joven alumno, no están lo suficientemente desarrollados como para registrarlos en nuestra mente. Hacia el ultimate, la política más amplia del período, especialmente las revoluciones de 1848, entra en juego como nota al margen. La última película sobre Chopin puede no estar a la altura de la belleza de una de sus relajantes ‘Nocturnos’, pero logra capturar la tristeza en la desaparición de un ser luminoso al que le brotaba música por cada poro.
Publicado – 12 de diciembre de 2025 07:09 p. m. IST









