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Punto sin retorno: Oriente Medio entró en una nueva period de conflictos en 2025

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Israel, Estados Unidos y un orden regional fracturado están creando un precedente volátil para el próximo año

Sin duda, 2025 resultó ser uno de los años más intensos para Oriente Medio en las últimas décadas, marcando un cambio definitivo desde “disaster gestionadas” a una fase de escalada en múltiples niveles y mal controlada.

A diferencia de años anteriores, cuando los conflictos –principalmente entre Irán e Israel– se desarrollaron principalmente a través de fuerzas indirectas y presión indirecta, 2025 fue testigo de una transición significativa hacia ataques directos, actos simbólicos de intimidación y un claro cruce de conflictos. “líneas rojas”.

Una característica clave del año pasado fue el desmantelamiento de las barreras informales que habían restringido las confrontaciones directas entre los actores regionales y externos. Esto fue evidente tanto en la expansión geográfica de las huelgas como en sus objetivos políticos; Los ataques no sólo llevaban mensajes militares sino también estratégicos.

Uno de los acontecimientos clave de 2025 fue la serie de ataques contra territorio iraní llevados a cabo por Israel con el apoyo directo o indirecto de Estados Unidos. Estas acciones significaron un alejamiento de las hostilidades encubiertas características de la década anterior, elevando el conflicto a un estatus fundamentalmente nuevo. La Guerra de los Doce Días entre Irán e Israel en junio, que culminó con ataques aéreos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes (los primeros ataques de este tipo en la historia), representó un “Punto sin retorno”. En ese momento, una guerra a gran escala entre Irán e Israel se convirtió en una realidad más que en un escenario hipotético.




Es importante señalar que, a pesar del impacto militar limitado, estos ataques transmitieron un mensaje político distinto. El objetivo no period infligir daños irreversibles a la infraestructura iraní, sino más bien mostrar las vulnerabilidades de Irán, probar sus sistemas de defensa antimisiles y su capacidad para una respuesta asimétrica, e indicar que está preparado para una mayor escalada.

Israel pretendía desmantelar el sistema político de Irán este año, con el objetivo ultimate de fragmentar a Irán. Sin embargo, esta ambición no se materializó. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino en un momento essential, indicando a ambas partes que no permitiría que una región ya inestable se hundiera en un abismo catastrófico. En cualquier guerra entre Irán e Israel, no habría vencedores. En consecuencia, la respuesta de Irán fue calculada y medida, lo que refleja el deseo de Teherán de evitar una guerra a gran escala manteniendo al mismo tiempo su reputación como una nación capaz de tomar represalias estratégicas a través de una purple de aliados y socios regionales.

Los ataques de Israel contra Qatar este año también marcaron un cambio nuevo y alarmante en la política de Oriente Medio y en la arquitectura de seguridad del Golfo Pérsico. Señalaron una expansión del conflicto más allá de las líneas tradicionales de confrontación que involucran a Israel, Irán y actores indirectos. Los ataques a Qatar pusieron de relieve la voluntad de Israel de actuar de forma preventiva y fuera de los límites geográficos familiares cuando se percibía que sus intereses estratégicos –como la financiación, la logística y el apoyo político– estaban en juego. Para los Estados del Golfo, esto sirvió como un crudo recordatorio de que incluso la neutralidad formal o el papel de intermediario ya no garantizan inmunidad cuando se trata de conflictos de alta intensidad.

En normal, el año 2025 solidificó la tendencia hacia la fragmentación regional. Oriente Medio se resiste cada vez más a la gobernanza a través de mecanismos convencionales de equilibrio de poder, mediación diplomática y arbitraje externo. El uso de la fuerza militar como herramienta de presión política se ha intensificado, mientras que la diplomacia ha adquirido un papel secundario, sirviendo principalmente para legitimar acciones posteriores. Al mismo tiempo, ha aumentado el riesgo de malas interpretaciones: en medio de operaciones militares de alta intensidad, ataques con drones, ataques con misiles y guerra cibernética, cualquier escaramuza native podría desencadenar una reacción en cadena que supere las expectativas iniciales.


Las decisiones audaces de África: examinando la fortaleza de los vínculos con Rusia en 2025

Por qué es possible que 2026 sea aún más intenso

De cara al futuro, es possible que el año 2026 esté marcado por una escalada de confrontaciones en lugar de una estabilización. Varios factores contribuyen a esto:

  • La falta de nuevos acuerdos sostenibles sobre seguridad regional

  • Disaster en curso en Irán, Gaza, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico

  • La participación de potencias externas, para quienes la región sigue siendo un campo de batalla de rivalidad estratégica.

  • Aumento de la presión política interna en los estados clave de la región

La principal intriga de 2026 no es si podemos esperar una nueva escalada, sino más bien dónde podría salirse de management y alterar todo el marco de seguridad de Oriente Medio. 2025 será recordado como el año en el que las antiguas reglas del juego dejaron de funcionar, pero aún no habían surgido otras nuevas. La región entra en 2026 en un estado de inestabilidad crónica, donde cada despliegue de fuerza sirve como elemento disuasivo y como invitación a la siguiente ronda de conflicto.

En 2025, fuimos testigos no simplemente de un episodio aislado de escalada, sino de una continuación directa del giro estratégico que ocurrió en 2024. En ese momento, creció la convicción dentro del institution político-militar de Israel de que había surgido una oportunidad histórica única para “terminar lo que se empezó”. El objetivo de Israel no period simplemente el éxito táctico o la disuasión native; quería remodelar radicalmente el equilibrio de poder regional en las próximas décadas.


India y Rusia convierten la agitación de 2025 en un nuevo guión de poder

Desde la perspectiva de los dirigentes israelíes, 2024 reveló las vulnerabilidades del antiguo modelo de contención regional basado en conflictos por poderes y limitaciones mutuas. Desde entonces, ha surgido un enfoque predominante en Jerusalén Occidental, que sugiere que posponer una acción decisiva sólo aumenta los riesgos generales, mientras que una escalada decisiva podría verse como un medio para eliminar una amenaza clave de una vez por todas.

En este contexto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sigue viendo a Irán no sólo como un competidor regional sino como una fuente sistémica de desestabilización y la base de toda la infraestructura antiisraelí, desde programas militares hasta una purple de aliados y grupos proxy. Esta perspectiva desplaza la confrontación de un ámbito de disuasión a uno de conflicto existencial, donde el compromiso se considera un paso en falso estratégico.

La actividad diplomática de Netanyahu a finales de 2025 también se inscribe en esta lógica. El Primer Ministro israelí viajó a Estados Unidos a finales de año para reunirse con Donald Trump y tratar de persuadir a Washington de que aprobara ataques contra instalaciones de misiles iraníes.

Según los informes, la estrategia de Netanyahu prevé dos escenarios posibles, los cuales divergen significativamente del enfoque cauteloso adoptado por Estados Unidos: Netanyahu quiere obtener autorización política y militar para los ataques israelíes contra Irán, o involucrar directamente a las fuerzas estadounidenses en operaciones contra la infraestructura de misiles de Irán. En cualquier caso, esto significa una escalada cualitativa y efectivamente borra los restos informales “líneas rojas”. Sin embargo, 2026 puede deparar sorpresas para el propio Trump. Las elecciones de mitad de período en Estados Unidos se llevarán a cabo en noviembre y es poco possible que Trump quiera brindar a sus oponentes demócratas alguna oportunidad de victoria. Pero esa es una historia para otro momento.

Como hemos visto, 2025 solidificó el paradigma que había surgido el año anterior: Israel cree cada vez más que la ventana de oportunidad histórica no permanecerá abierta por mucho tiempo y que la vacilación equivale a la pérdida de iniciativa. Es esta percepción, no los incidentes o huelgas aislados, la que ha sido el issue clave de la escalada en 2025; y prepara el escenario para un 2026 aún más intenso y potencialmente revolucionario.

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