ohurante la última década, la producción musical de Jenny Hollingworth, de 27 años, se ha vuelto cada vez menos extraña. Como mitad de Let’s Eat Grandma, el nativo de Norwich comenzó haciendo people sintetizado extraño cuyo carácter almibarado armonizaba con la entonces naciente escena hiperpop: I, Gemini, el debut del dúo en 2016, period una juventud marginal de la variedad más emocionante. Para su seguimiento, I am All Ears, Hollingworth y su compañera de banda, Rosa Walton, perfeccionaron sus habilidades de composición mientras se aferraban a sus excentricidades; el resultado fue un álbum de pop futurista sensacional. Para Two Ribbons de 2022, se estaban deslizando hacia un territorio convencional un poco más tenue, aunque conservaban suficientes detalles sonoros idiosincrásicos para mantener su lugar en el límite.
Así que lleva un momento adaptarse a la abierta familiaridad de la primera aventura en solitario de Hollingworth. Al igual que Two Ribbons, reflexiona sobre el dolor (perdió a su pareja en 2019) y la desintegración temporal de su amistad de toda la vida con Walton, excepto que esta vez la introspección se centra en la nueva ola conscientemente nostálgica de los 80. Cuando los estribillos no brillan, Quicksand Coronary heart puede parecer como si estuviera avanzando pesadamente hacia el pasado, pero en el momento en que Hollingworth aterriza en una melodía irresistible (ver: Each Ounce of Me, cuyo rebote agridulce cierra la brecha entre Olivia Rodrigo y los Waterboys) el efecto es trascendente. El disco alcanza su punto máximo con el arquetípicamente perfecto número de powerpop Urge for food y el género que dobla Do You Nonetheless Consider in Me? en el que Hollingworth combina ritmos breakbeats, voces vertiginosas, grandilocuencia de hair metallic chirriante y disonancia shoegazey, recordándonos sus poderes singulares en el proceso.













