Home Noticias Cómo se compara el estilo de liderazgo de Trump con el de...

Cómo se compara el estilo de liderazgo de Trump con el de Obama, Reagan o Nixon

22
0

A Donald Trump no le gusta que lo comparen con otros presidentes estadounidenses. La irritación es casi visceral. Una vez descrito como el tercer mejor presidente después de George Washington y Abraham Lincoln, respondió bruscamente que no habían librado “ocho, nueve guerras”.” Cuando se lo compara con Barack Obama o Joe Biden, el veredicto que tiene en mente es aún más easy. Es mejor, punto. Las comparaciones, sugiere, son erróneas porque no logran comprender lo que realmente significa la grandeza.Esa reacción en sí misma es reveladora. Trump no ve la presidencia como un papel determinado por la herencia, la moderación o la continuidad. Lo ve como una competencia private, en la que el dominio, la visibilidad y la disrupción son las métricas del éxito. Por lo tanto, compararlo con presidentes anteriores no es sólo un ejercicio académico. Es una manera de entender cuán radicalmente su estilo de liderazgo se aleja de la tradición estadounidense.

Provocador en jefe

La mayoría de los presidentes se han entendido a sí mismos como administradores de una institución más grande que cualquier individuo. Trump gobierna como si la institución existiera para amplificar al individuo. Es un provocador en jefe. Su estilo de liderazgo es más asertivo que vigilante. La autoridad se ejerce en voz alta, públicamente y, a menudo, de manera confrontativa, no silenciosamente ni de manera procesal.

La edad de oro de América

En la visión del mundo de Trump, la vacilación es debilidad y el compromiso es rendición. El poder ejecutivo no es algo que deba equilibrarse con el Congreso o limitarse mediante normas, sino algo que debe probarse, ampliarse y exhibirse. El conflicto no es un subproducto lamentable del liderazgo; es una prueba de que se está produciendo liderazgo.

La doctrina Monroe

Esta filosofía marca una marcada ruptura con la forma en que la mayoría de los predecesores de Trump entendían el cargo. El politólogo Richard Neustadt escribió la famosa frase que el poder presidencial es “el poder de persuadir”. Trump ha invertido esa lógica. Su presidencia se basa en el poder de mandar, amenazar y sobrevivir a la resistencia en lugar de persuadirla.

Washington y Lincoln: la moderación como legitimidad

Maestros de la moderación

George Washington marcó el tono de la presidencia estadounidense al enfatizar la moderación. Rechazó los títulos reales, evitó las demostraciones abiertas de poder y trató el cargo como un deber temporal más que como una posesión private. Su autoridad provenía de la dignidad y la autolimitación. Al alejarse voluntariamente del poder, estableció la concept de que la presidencia pertenecía a la república, no al hombre que la ocupaba.Washington articuló claramente esta ética en su discurso de despedida, advirtiendo que “El espíritu de invasión tiende a consolidar los poderes de todos los departamentos en uno solo y a crear así, cualquiera que sea la forma de gobierno, un verdadero despotismo”. La advertencia no fue abstracta. Fue un intento deliberado de imponer moderación a los futuros presidentes.

Alguien subió ahí, dicen, eres el tercer mejor presidente… esto fue en la televisión, el tercer mejor… Y dijeron, ¿quiénes son los dos primeros? George Washington y Abraham Lincoln. Y me enojé muchísimo con este hombre.

Donald Trump

Abraham Lincoln, que gobernó durante la disaster más grave de la historia de Estados Unidos, ejerció un poder inmenso pero lo llevó con un peso ethical seen. Su lenguaje period cuidadoso, a menudo sombrío. Incluso cuando llevaba adelante una guerra civil, enmarcó sus acciones como necesidades trágicas más que como victorias personales. En su segundo discurso inaugural, Lincoln instó al país a proceder sin malicia hacia nadie; con caridad para todos”, incluso cuando la guerra se acercaba a su sangriento last.El estilo de liderazgo de Trump se encuentra en una oposición casi whole. Mientras que a Washington le preocupaba el faccionalismo, Trump lo acepta. Donde Lincoln usó palabras para estabilizar una nación fracturada, Trump las usa para agudizar las divisiones. Ambos hombres trataron el poder como una carga. Trump lo trata como una validación.

Reagan y Obama: persuasión sobre provocación

reagan y obama

Ronald Reagan y Barack Obama representan dos tradiciones modernas de liderazgo presidencial que Trump rechaza explícitamente. Reagan entendió la política como persuasión. Su optimismo, humor y narración le permitieron vender cambios ideológicos sin una confrontación constante. Incluso cuando atacó a sus adversarios, lo hizo de una manera que presentaba a Estados Unidos como un país esperanzado en lugar de asediado.Reagan resumió una vez su filosofía de gobierno con su característica simplicidad: “A lo largo de los años he aprendido que cuando uno toma una decisión, el miedo disminuye”. Sin embargo, esa confianza iba acompañada de tranquilidad. Su famosa metáfora de la “ciudad brillante sobre una colina” period una aspiración, no una acusación.El estilo de Obama period cerebral y aspiracional. Habló como maestro, a menudo enfatizando el proceso, los principios y la responsabilidad compartida. Su línea de la convención de 2004, “No hay un Estados Unidos liberal y un Estados Unidos conservador; existen los Estados Unidos de América”. Fue un intento explícito de anteponer la unidad al agravio. Incluso cuando se sintió frustrado por el Congreso, Obama enmarcó la obstrucción como un problema sobre el que hay que razonar y no como un enemigo que hay que aplastar.

Lo mejor del humor del presidente Reagan

Trump toma prestado selectivamente de ambos, pero descarta sus instintos fundamentales. Utiliza eslóganes estilo Reagan sin la calidez de Reagan y llama la atención sin la disciplina de Obama. Trump no pretende persuadir al escéptico medio. Busca movilizar a los leales y abrumar a los oponentes. Sus discursos son declaraciones, no invitaciones.

Nixon: poder sin paciencia

Richard Nixon

Si hay un paralelo histórico que más se asemeja a los instintos de Trump, ese es Richard Nixon. Nixon compartía la desconfianza de Trump hacia la prensa, su fijación con los enemigos y su visión amplia de la autoridad ejecutiva. Creía que la presidencia justificaba medidas extraordinarias en defensa del interés nacional.“La prensa es el enemigo” Nixon dijo a sus asistentes en la Oficina Oval, un sentimiento del que Trump se ha hecho eco abierta y repetidamente. Pero la paranoia de Nixon estaba en gran medida oculta. Trabajó a través de cintas secretas, órdenes privadas y maniobras encubiertas.

Richard Nixon: La prensa es el enemigo

La diferencia está en el método y el temperamento. Nixon actuó en secreto, temeroso de quedar expuesto. Trump opera a la vista de todos, y a menudo desafía a sus críticos a reaccionar. Nixon atesoró cintas; Trump genera espectáculo. La paranoia de Nixon estaba oculta. La de Trump es performativa.Ambas presidencias plantean la misma pregunta subyacente sobre el sistema estadounidense: ¿cuánto poder puede acumular el ejecutivo antes de que se imponga la resistencia institucional? Nixon enfrentó esa resistencia de manera decisiva. El segundo mandato de Trump sugiere una presidencia cada vez más libre de controles internos, sostenida por la lealtad más que por el equilibrio.

Instituciones versus personalidad

Quizás la diferencia más significativa entre Trump y otros presidentes sea su relación con las instituciones. La mayoría de los presidentes, incluso cuando estaban frustrados por el Congreso o los tribunales, las trataron como limitaciones legítimas. Trump trata a las instituciones como extensiones de la lealtad private.Los seguidores son recompensados. Los críticos son vilipendiados. El proceso se presenta como sabotaje. La tradición es descartada como un peso muerto. El resultado es una presidencia que se siente menos como un cargo constitucional y más como un centro de mando personalizado, donde la legitimidad fluye de la aclamación fashionable más que del consentimiento institucional.

MASH-UP: El discurso de Al-Baghdadi de Trump y el discurso de Bin Laden de Obama

El historiador Arthur Schlesinger Jr. advirtió una vez sobre la “presidencia imperial” y describió momentos en los que el ejecutivo expande su poder más allá de la intención constitucional. El estilo de liderazgo de Trump encaja perfectamente con esa advertencia, pero con una diferencia essential: mientras que los presidentes anteriores justificaron la expansión como una necesidad temporal, Trump la trata como un derecho permanente.Este cambio explica la hostilidad de Trump hacia las comparaciones históricas. Compararlo con Washington o Lincoln es juzgarlo según estándares que no reconoce. Mide el éxito no por la continuidad, la unidad o la estabilidad democrática, sino por el dominio, la visibilidad y el triunfo private.

Una presidencia fuera de la tradición

Donald Trump no sólo ha liderado de manera diferente a otros presidentes estadounidenses. Ha redefinido lo que significa liderazgo a su propia imagen. Su presidencia combina espectáculo con autoridad, agravio con gobierno y personalidad con poder.Que la historia juzgue en última instancia esto como fuerza o exceso dependerá de los resultados que aún se están desarrollando. Lo que ya está claro es que Trump no se considera un administrador de la historia. Se ve a sí mismo como su protagonista.Y eso, más que cualquier diferencia política, es lo que realmente lo separa de los presidentes que lo precedieron.

avots