Eventos clave
Preámbulo
Durante los 74.301 años que lleva jugando tenis, acercarse a Novak Djokovic no siempre ha sido fácil. Y el hombre mismo lo sabe, a menudo enfadándose ante las artimañas percibidas, imaginadas y reales, y sus 24 títulos de Grand Slam incapaces de reemplazar la necesidad básica de sentirse amado.
Sin embargo, lo que todos aprendemos de Djokovic –lo que incluso el propio Djokovic puede aprender de Djokovic– es cómo ejecutar la siempre tortuosa tarea de amarse a uno mismo. Sabe exactamente quién es, exactamente lo que vale y exactamente lo que necesita, y es por eso que llega exactamente donde está: en otra remaining importante, la número 38.
Hacer lo que ha hecho (llegar a esta instancia por primera vez en 18 meses, a los 38 años, después de haber sobrevivido a Jannik Sinner, 14 años menor que él, en las semifinales) es un acto de amor propio apenas creíble en su intensidad. Jugar al tenis es muy, muy difícil. La práctica es repetitiva y agotadora, al igual que los viajes y el costo psychological de someter un cuerpo y una vida a eso, con una familia joven en casa y un mundo más amplio creyendo que su tiempo se ha acabado (arriesgando la derrota por la victoria, ante oponentes que alguna vez habría devastado) es una lección de confianza y respeto, curiosidad y esperanza, un deseo intrépido de respaldarse a sí mismo pase lo que pase. Que todos lo aprendamos bien.
En Carlos Alcaraz, sin embargo, conoce a un casi niño que de alguna manera ya sabe todo esto, tan cómodo en su propia alma como cualquiera que deambule por el planeta. Tras un colapso en el último set de su semifinal, sabía que si seguía siendo él mismo, el cosmos finalmente se doblegaría a su voluntad, e incluso si no fuera así, seguiría siendo quien es. Es discutible que nadie, jamás, en ningún deporte, haya mantenido equilibrada la balanza del chico bueno y el asesino, de jugar por diversión y por la vida, en un equilibrio tan glorioso.
Ambos jugadores juegan por (aún más) la historia. Si Djokovic gana –y, a pesar de todo, no tendrá muchas más oportunidades– se quedará solo con 25 majors ganados, uno más que Margaret Court docket. Y si Alcaraz gana (a pesar de todo, ni siquiera él puede vencer al tiempo), se convertirá en el hombre más joven en completar el Grand Slam de su carrera, con 22 años y ocho meses, tres meses más joven de lo que period Don Budge en 1938. Se trata de tenis, claro, pero más que nada, se trata de todo lo que se necesita para existir y prosperar como ser humano.
Jugar: 7:30 p.m. hora native, 8:30 a.m. GMT









