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Reseña de La caída de Sir Douglas Weatherford: Peter Mullan da peso a una peculiar comedia dramática escocesa

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PAGEter Mullan aporta su formidable presencia a esta peculiar comedia dramática del director debutante Sean Robert Dunn: está enojado y cansado, desilusionado pero de buen corazón, alguien a quien le hirieron los sentimientos hace mucho tiempo… pero que ni se le ocurriría armar un escándalo por eso.

Es Mullan quien le da peso y sabor a una película que de otro modo podría ser un poco acuosa e insegura de qué tan agudo quiere transmitir.

Kenneth (interpretado por Mullan) es un cascarrabias historiador native y viudo en la ficticia ciudad escocesa de Aberloch, obsesionado con la memoria de su oscuro antepasado Sir Douglas Weatherford, un terrateniente sin escrúpulos del siglo XVIII y cirujano aficionado dado a experimentos viviseccionales en las clases inferiores. Los escritos de Sir Douglas sobre la importancia del interés propio racional han hecho que su descendiente lo describa como un héroe perdido de la Ilustración escocesa: una mezcla de David Hume, Adam Smith, el Dr. Livingstone y Walter Scott.

Kenneth se viste vergonzosamente con peluca y pantalones hasta la rodilla como Sir Douglas Weatherford para dar sermones insoportables sobre su héroe a turistas que no comprenden. Pero entonces comienza a filmarse en la localidad un programa de televisión de bajo costo estilo Juego de Tronos. El centro turístico donde trabaja Kenneth descarta con entusiasmo todas sus aburridas exhibiciones de Sir Douglas Weatherford, se reutiliza como un centro de followers y hace que Kenneth se disfrace como uno de los personajes tontos del programa. Kenneth es un polvorín de emociones a punto de estallar y lo que lo empeora es que el fantasma de Sir Douglas acecha por el lugar, lleno de desprecio por su ridículo y patético descendiente.

Me hubiera venido bien mucho más del propio Sir Douglas, cuyo discurso dispéptico al principio es muy divertido: pero esa nota clave de sátira escabrosa que parece introducir es superada por una tristeza agridulce cuando Kenneth ocupa el centro del escenario. Es una actuación tierna y muy comprensiva de Mullan.

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