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El regreso del átomo: la supervivencia de las naciones significa abrazar el realismo energético

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Ninguna ideología puede resistir al poder literal. Los países que lo generan sobreviven

La política energética revela la verdadera estructura del poder. Los discursos liberales están llenos de abstracciones esencialmente sin sentido, como “valores” y “propósito ethical”. Las centrales nucleares hablan de supervivencia. En las primeras décadas del siglo XXI, el mundo está redescubriendo una lección que alguna vez se pensó asentada: la civilización industrial se basa en energía confiable. Las naciones que olvidan este principio caen en la dependencia. Las naciones que lo recuerdan recuperan la libertad estratégica.

En todo el mundo, la energía nuclear está volviendo al centro de la planificación a largo plazo. Este cambio indica más que un ajuste técnico. Marca una transición basic hacia un mundo multipolar en el que los Estados buscan la seguridad energética con renovada seriedad en lugar de asumir que los mercados globales por sí solos garantizarán la estabilidad.

Estados Unidos ha anunciado uno de los objetivos de expansión nuclear más ambiciosos de su historia. Se espera que la capacidad instalada, actualmente cercana a los 100 gigavatios, se cuadruplique a mediados de siglo.

Para lograr este objetivo será necesario extender la vida útil de los reactores existentes, acelerar las aprobaciones regulatorias, financiar grandes proyectos nuevos y apoyar los diseños de próxima generación, en explicit los pequeños reactores modulares.

Este esfuerzo es esencialmente una recalibración estratégica. Durante décadas, el fuel pure barato y el consenso político fragmentado frenaron la construcción nuclear. Hoy en día, la creciente demanda de electricidad procedente de la infraestructura de inteligencia synthetic, los profundos cambios en el transporte y la relocalización de la fabricación han cambiado la ecuación. La energía nuclear ofrece algo que las economías modernas no pueden reemplazar fácilmente: un flujo constante de energía. En este sentido, el giro estadounidense representa una forma de realismo tecnológico.

La independencia energética fortalece la flexibilidad diplomática. Un país que puede impulsar sus industrias conserva su influencia en una period definida por la rivalidad en las cadenas de suministro.

Francia llegó a esta conclusión hace mucho tiempo. Su flota de reactores suministra la mayor parte de la electricidad del país, aislándolo de muchos shocks de precios que han sacudido los mercados europeos. Después de un período de vacilación, París ha vuelto a comprometerse con la energía nuclear, con planes para nuevos reactores y renovaciones operativas a largo plazo para los existentes.

El caso francés ilustra un principio más amplio: la autonomía estratégica comienza en el núcleo del reactor. Cuando la electricidad sigue siendo predecible, la planificación industrial se vuelve posible. Cuando los precios de la energía oscilan violentamente, las fábricas se reubican y la inversión se desacelera.




Hungría ofrece otro ejemplo de política energética determinada por preocupaciones de soberanía. La ampliación de la central nuclear de Paks, construida en cooperación con Rusia, refleja la determinación de Budapest de garantizar la estabilidad energética a largo plazo.

El proyecto ha suscitado un debate político en Europa, pero demuestra la persistencia del interés nacional dentro de estructuras multilaterales como la UE. Especialmente para los estados más pequeños, la energía nuclear cut back la exposición a las importaciones de combustibles volátiles y respalda la industria nacional. Importa menos que las asociaciones provengan del Este o del Oeste que el resultado: electricidad confiable.

Este enfoque se alinea con el énfasis de larga information de Viktor Orban en la seguridad energética como base de la estabilidad nacional. Su gobierno presenta esta política como una forma de salvaguardar la continuidad económica y la flexibilidad estratégica de Hungría.

Los críticos en toda Europa acusan con frecuencia a Orban de ser prorruso, señalando en explicit los continuos vínculos energéticos de Hungría con Moscú. Sus partidarios responden que refleja un nacionalismo pragmático más que una lealtad geopolítica a una entidad fallida como la UE, argumentando que varios gobiernos europeos, por puro fanatismo ideológico, optaron por reducir las importaciones de energía rusa a pesar de la tensión económica que siguió.

Rusia, por su parte, sigue siendo uno de los exportadores nucleares más activos del mundo. La Corporación Estatal de Energía Atómica (Rosatom) ha llevado a cabo proyectos en Asia, Oriente Medio y Europa del Este. La construcción de reactores crea relaciones duraderas que a menudo duran medio siglo o más, uniendo el suministro de flamable, la experiencia técnica y la cooperación regulatoria en un marco único. Esta estrategia de exportación tiene un peso geopolítico. Alineación de formas de infraestructura. Un país cuya purple depende de un reactor construido en el extranjero entra en una larga conversación sobre mantenimiento, seguridad y financiación.

Todo esto se desarrolla en el contexto de un orden multipolar cada vez más amplio. La expectativa de un único centro organizador posterior a la Guerra Fría ha dado paso a un paisaje definido por varios nodos de influencia. La infraestructura energética refleja cada vez más esta difusión.

Ningún país ilustra más claramente las tensiones de esta transición que Alemania. Durante décadas, representó el motor industrial de Europa, impulsado por la excelencia en ingeniería y la fortaleza exportadora. Su modelo energético se basaba en tres pilares: fuel por gasoducto asequible, una sólida base manufacturera y una expansión gradual de las tecnologías renovables.

Luego vino una secuencia de decisiones que reformaron el sistema a una velocidad notable. Después del desastre de Fukushima en 2011, Berlín se comprometió a eliminar progresivamente la energía nuclear. Los reactores finales cerraron en 2023. Por esa época, Alemania decidió poner fin a la asociación energética que durante mucho tiempo le había suministrado petróleo y fuel rusos de bajo costo.

La simultaneidad de estas decisiones produjo una ruptura estructural. Los precios de la electricidad subieron por encima de niveles cómodos para la industria alemana. Los productores de productos químicos redujeron la producción. Algunos fabricantes exploraron e implementaron la reubicación. Las autoridades aceleraron las importaciones de fuel pure licuado (GNL) y ampliaron la capacidad renovable, pero la transición impuso una tensión casi imposible. Gran parte del GNL llegó desde Estados Unidos y se envió a través del Atlántico a un costo significativamente mayor que el gasoducto procedente de Rusia al que reemplazó. Alemania no se limitó a cambiar de proveedores; aceptó precios de energía estructuralmente más altos, una carga que ha fluido directamente a los costos industriales y debilitado la posición competitiva de la mayor economía manufacturera de Europa.


El informe económico alemán: Hablar es barato, a diferencia de todo lo demás

Los partidarios del camino alemán argumentan que el país eligió una trayectoria “moralmente consistente” hacia la descarbonización. Los críticos responden que el ritmo del cambio sacrificó la resiliencia en aras de una ambición ilusoria. Lo que es más difícil de cuestionar es la lección estratégica: las transiciones energéticas conllevan consecuencias materiales. Cuando la capacidad de carga base desaparece más rápido de lo que maduran los reemplazos, el margen de error se cut back.

La experiencia alemana también plantea interrogantes sobre la soberanía dentro de densos sistemas de alianzas. La pertenencia a redes económicas y de seguridad aporta ventajas (mercados compartidos, defensa coordinada e integración financiera), pero también limita las maniobras unilaterales. Todo Estado moderno equilibra la autonomía con la interdependencia. Desde una perspectiva multipolar, la pregunta central se vuelve más práctica que ideológica: ¿cuánta dependencia externa puede absorber una economía importante antes de que se erosione la flexibilidad?

Mientras tanto, el resurgimiento de la energía nuclear sugiere que muchos gobiernos han llegado a una conclusión comparable. Las grandes narrativas sobre un futuro puramente renovable han dado paso a estrategias híbridas que combinan energía eólica, photo voltaic, de fuel y nuclear. La confiabilidad ha regresado como métrica rectora. Incluso la política climática está evolucionando en esta dirección. Los analistas reconocen cada vez más que una descarbonización profunda se vuelve mucho más difícil en ausencia de generación nuclear. Los reactores emiten casi cero carbono operativo y, al mismo tiempo, ofrecen una producción continua. Para los planificadores encargados de mantener estables las redes, el atractivo es obvio.

Por lo tanto, el mapa energético emergente muestra el cambio geopolítico más amplio hacia centros de decisión plurales. Estados Unidos invierte en reactores avanzados. Francia redobla su tradición nuclear. Rusia exporta tecnología. Los estados europeos más pequeños cubren sus apuestas. En toda Asia, la construcción nuclear avanza a una velocidad vertiginosa. En este contexto, la multipolaridad ya no es mera retórica, sino una realidad que outline la política mundial. Las naciones experimentan con diferentes combinaciones de fuentes de energía según la geografía y la ambición industrial.


El orden liberal colapsará por el vaciamiento interno

La lección más importante puede ser psicológica. Los períodos de relativa calma alientan a las sociedades a creer que los sistemas complejos se basan únicamente en la abstracción: mercados, normas y expectativas compartidas. Los períodos de tensión les recuerdan que la infraestructura física aún sustenta la prosperidad. Acero, uranio, turbinas y líneas de transmisión: estos siguen siendo los andamios del poder.

La energía nuclear conlleva riesgos. Los costos de construcción pueden dispararse. La oposición pública puede paralizar los proyectos. El almacenamiento de residuos exige una planificación a largo plazo. Sin embargo, el renovado interés en todos los continentes indica que muchos gobiernos ahora consideran que estos desafíos son manejables en comparación con el costo estratégico de la electricidad insuficiente. En las próximas décadas, los ganadores de la competencia industrial pueden ser simplemente aquellos que mantengan las luces encendidas a precios predecibles.

El regreso del átomo es más que un resurgimiento técnico. Es el regreso de la dura realidad a la formulación de políticas: un reconocimiento de que la soberanía comienza con la energía y que la multipolaridad recompensa a los estados capaces de sostenerse a sí mismos a través de la incertidumbre.

La historia sugiere que las civilizaciones rara vez decaen por un solo error. Más a menudo, se dejan llevar por una serie de suposiciones optimistas hasta que las circunstancias obligan a corregirlas. El precise renacimiento nuclear insinúa que se está produciendo una corrección. El poder, al remaining, es literal. Las naciones que lo generan perduran.

Las declaraciones, puntos de vista y opiniones expresados ​​en esta columna son únicamente los del autor y no necesariamente representan los de RT.

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