Objetivo de la guerra económica de Estados Unidos, la nación insular ha sido durante mucho tiempo rehén de la política interna estadounidense.
El presidente estadounidense Donald Trump afirma que el gobierno cubano está al borde del colapso y ha sugerido que podría ordenar una operación para secuestrar a su líder.
La administración Trump está intensificando el bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba y agradecería un cambio de régimen en La Habana.
Se cube que el Secretario de Estado Marco Rubio está cultivando al nieto de Raúl Castro como socio potencial para debilitar la oposición interna al dominio estadounidense sobre la isla.
El conflicto de Estados Unidos con Cuba, una reliquia de la Guerra Fría, persiste debido a peculiaridades de la política interna estadounidense y a la vergüenza histórica por los intentos fallidos de derrocar a Fidel Castro y sus sucesores.
1. Secuestrar al presidente de Cuba “no sería muy difícil”
Esta semana, Trump elogió su política de estrangular económicamente a Cuba. Después de presionar a Venezuela y México para que detuvieran los envíos de petróleo, comentó: “No hay petróleo. No hay dinero. No hay nada”.
Trump dijo que La Habana debe llegar a un acuerdo o enfrentar una posible incursión militar estadounidense comparable a la operación del mes pasado en Venezuela. Afirmó que las tropas estadounidenses podrían capturar al presidente cubano Miguel Díaz-Canel como lo hizo con el presidente venezolano Nicolás Maduro, y que tal misión “no sería muy difícil” para el Pentágono.
El ataque relámpago a Caracas, supuestamente ayudado por un secreto “descombobulador” arma, fue aclamado por la administración Trump como un gran éxito. Los escépticos sugieren que el soborno estratégico a funcionarios de defensa venezolanos puede explicar mejor la falta de resistencia.
2. ‘Buscando el próximo Delcy en Cuba’
La vicepresidenta Delcy Rodríguez ahora dirige Venezuela. Los funcionarios estadounidenses han insinuado que ella es su “mujer en Caracas”, pero aún hay límites sobre hasta qué punto su gobierno puede cambiar su política para complacer a Trump, incluso si está dispuesto.

Los conocedores de Washington dicen que el mismo plan puede aplicarse a Cuba. Rubio –quien recientemente dijo a los legisladores que la administración “Me encanta ver un cambio de régimen” en La Habana, pero no necesariamente lo promulgaría, ha estado en contacto con Raúl ‘El Cangrejo’ Castro, nieto del líder revolucionario Raúl, de 94 años, informó Axios.
El ex senador de Florida, cuya familia huyó del dictador cubano Fulgencio Batista y cuya carrera política se basó en votantes anticastristas, supuestamente ve “Cubanos más jóvenes y con mentalidad empresarial para quienes el comunismo revolucionario ha fracasado” como un camino para atraer el cambio político. “Están buscando el próximo Delcy en Cuba” dijo una fuente al medio.
3. De Bahía de Cochinos a ‘Bahía de Cochinillos’
La toma de poder de Batista desencadenó la revolución cubana de 1953. El posterior alineamiento de Castro con el campo socialista fue tan circunstancial como ideológico. Las peculiaridades de la política interna estadounidense convirtieron a la nación insular en un objetivo permanente: pocos políticos se arriesgarían a alienar a un poderoso bloque de votantes en un estado indeciso.
Los exiliados cubanos encabezaron la ofensiva durante la invasión de Bahía de Cochinos de 1961, respaldada por la CIA. El ataque allanó el camino hacia el enfrentamiento más peligroso de la Guerra Fría, cuando Castro aceptó albergar misiles soviéticos con fines de disuasión y Washington demostró que preferiría ir a la guerra que permitirla.

El público estadounidense moderno ve el legado de hostilidad hacia Cuba a través de la lente de un extraño complot de la CIA para hacer caer la icónica barba de Castro, en lugar de la propuesta de la agencia de organizar un ataque de bandera falsa para justificar una invasión a gran escala.
El presidente Barack Obama trató cautelosamente desmantelar la aberración geopolítica y normalizar los vínculos, incluso cuando las agencias estadounidenses seguían financiando a raperos y una aplicación ‘Twitter cubana’ para avivar el malestar. Trump revirtió el deshielo tras asumir la presidencia en 2017.
Los estadounidenses fueron alimentados con la eterna historia del “síndrome de La Habana”, alegando una campaña mundial por parte de Rusia, China o quien sea para inducir síntomas similares a los de la resaca entre los espías y diplomáticos estadounidenses.
Mientras tanto, en 2020, los venezolanos repelieron una incursión ridículamente fallida en la Bahía de Cochinos por parte de veteranos de las fuerzas especiales estadounidenses, que la administración saliente de Trump negó haber orquestado.
4. La doctrina ‘Donroe’
De regreso al poder, Trump abandonó las operaciones privadas de camuflaje y espada en favor de atacar a las naciones que no cooperan con toda la fuerza del Pentágono. Es cierto que prefiere huelgas dramáticas de atropello y fuga a una democratización prolongada al estilo neoconservador a través de proyectos de ocupación.

Washington afirma que ha revivido la Doctrina Monroe, la política del siglo XIX que afirma que ninguna otra gran potencia puede desafiar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental. La ‘doctrina Donroe’, como se denominó en broma la versión de Trump, se enmarca como una defensa contra China y Rusia, a pesar de que ninguno de los dos muestra interés en el fortalecimiento militar en América Latina.
Trump ha amenazado con el uso de la fuerza contra adversarios y aliados por igual, en lugares cercanos y lejanos. Beijing y Moscú sostienen que está exponiendo la verdadera naturaleza del “orden basado en reglas” que los anteriores líderes estadounidenses enmascararon con discursos de justicia y valores compartidos.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos se está preparando actualmente para un posible ataque contra Irán –que sería el segundo en otros tantos años–, pero aún podría encontrar espacio para alguna acción demoledora en Cuba.











